Descubriendo la alergia

Para nosotros, como para cualquier padre o madre, descubrir la alergia de nuestro hijo fue un duro golpe. El mundo de las alergias alimentarias era desconocido para mí, me sorprendió descubrir que existía la alergia a alimentos como la leche o el huevo.

Lactancia materna

Ante la primera reacción, que cursó con edema de labios tras probar por segunda vez un biberón de leche, corrimos al hospital con el bote de leche en la mano creyendo que debía llevar algún colorante o conservante que le había producido la reacción. Tras la desagradable noticia, entendí porque mi hijo llevaba dos meses cubierto de de heridas y costras que hasta 3 pediatras diferentes calificaron de dermatitis atópica sin sospechar que la causa podía ser una alergia. El niño tomaba lactancia materna y la leche de vaca que yo consumía le estaba llegando “a través” del pecho. Y el pobre lloraba después de cada toma de lo mal que se encontraba.

Luego vino el trabajo de investigación, que consiste en recorrer supermercados mirando etiquetas y llamando a fabricantes porque rara vez se mencionaban los alérgenos de forma clara. Digo se mencionaban, porque ahora ya se empiezan a mencionar, aunque los alérgicos estamos en las mismas porque todavía no es obligatorio etiquetar trazas, así que tienes que llamar igual al fabricante.

Supermercado

Pues bien, si los pediatras no están muy informadas en temas de alergias, ni tampoco los fabricantes de productos de alimentación, pues tampoco lo estamos las personas no alérgicas así que a ver cómo le explicas a tu suegra o a tu madre que la vida de su nieto corre peligro si toma el alimento en cuestión. Por algún motivo que desconozco a la gente le cuesta creerte cuando les hablas de la gravedad de los síntomas. Es más fácil pensar que exageras hasta que un día lo ven con sus propios ojos…

De la escolarización, todavía no puedo opinar porque mi hijo aún es pequeño, de momento he podido permitirme no envíarlo a guardería. Pero ya imagino que me esperan nuevas trabas e incomprensiones.

En fin que como la unión hace la fuerza, es en la asociación de alérgicos dónde uno se siente informado y comprendido y desde dónde podemos hacernos oir para que se tome conciencia de las enfermedades alérgicas.

Marta, madre de niño alérgico a leche, huevo y kiwi

 

Alergia Vs Colegio

Mami, ¿puedo comer de eso? – No cariño, eso no. – ¿Y de esto? – No cariño, lo siento. Este es nuestro día a día, en reuniones de familia, en cumpleaños, en restaurantes…; llenos de tartas, bizcochos, chucherías… pero nunca pensé que el mayor problema vendría con la escolarización de mi hija.

Nuestra hija es una niña preciosa, morena, de inteligentes ojos azules, cariñosa y responsable. Con cuatro años sabe perfectamente que es alérgica a las proteínas de la leche (APLV), además de a otras “cosillas”, y que no debe comer nada que no le den papá o mamá. Su primer año en el cole, con tres añitos, fue estupendo, el Equipo Directivo fue muy bien informado por parte del médico de zona que, tras hacernos una exhaustiva entrevista y pedirnos los informes médicos de la niña, les trazó un plan de actuación y les indicó los riesgos de ciertas situaciones. Eso llevo a una gran solidaridad por parte de todos los maestros que se transmitió a los demás papás. Así se decidió no utilizar comida ni chucherías en las celebraciones del colegio, salvo si los padres estábamos presentes, así nosotros podíamos vigilar mejor a mi hija y llevar lo que ella sí podía comer.

Hasta ahí todo bien, el problema vino con el cambio de colegio. Nuestra primera sorpresa fue que el médico de zona no nos convocó, y tras haber entregado el informe médico nadie parecía darse por aludido. Al ver que ningún responsable se ponía en contacto con nosotros decidimos ir a hablar con el Equipo Directivo. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos trataron de “papas histéricos” y cuando nos dimos cuenta que no se “creían” lo grave que podía ser que nuestra niña tuviera una ingestión accidental de estas sustancias. Nos remitieron a su tutor que, todo hay que decirlo, fue muy comprensivo, competente y solidario. En la primera reunión de clase expuso el tema y los padres de nuestra clase, la mayoría que no todos, votaron que nada de comida en clase fuera de los desayunos habituales. Esto ya nos generó conflictos con algunos padres que decían que por nuestra hija no tenía que separarse la clase del resto del ciclo, ya que ningún maestro más secundó la propuesta de nuestro tutor. Además, el Equipo Directivo era del mismo parecer que estos padres y no veían con buenos ojos que la clase de nuestra hija tuviera “normas diferentes”. Hasta tal punto llega el desconocimiento de los daños que las alergias alimentarias pueden causar en estos niños, que teniendo niños alérgicos a los frutos secos hicieron la “Fiesta de los frutos secos”, y siendo mi hija alérgica a las proteínas de la leche propusieron la “Fiesta de los huevos de Pascua de chocolate (con leche)”. Hemos hablado con ellos para que se propongan alternativas en las actividades, pero sólo somos dos padres “indefensos” frente a toda una comunidad educativa que no entiende nuestra preocupación. No son conscientes de lo que puede pasar porque no han visto a mi hija como yo, roja, llena de habones, ahogándose, vomitando hasta dolerle la barriga, porque por error comió una pequeña galleta que contenía una ínfima cantidad de proteínas de leche.

El final de esta historia es que nos queda un regusto amargo y una gran ansiedad contenida cada vez que se acerca alguna celebración en el colegio. Estoy convencida que si en los colegios se hiciera una “Escuela de maestros” en la que se explicara: qué son las alergias, qué efectos tienen en los niños, cómo es posible educar sin comida ni chucherías de por medio, qué necesidad de apoyo tenemos los padres de estos niños…; todo sería diferente. Ellos estarían concienciados y eso ayudaría a concienciar a los demás padres.

Sabemos que no podemos parar el mundo por nuestra hija, no lo pretendemos, pero eso no quita que intentemos que el mundo sea un poco más tolerante con su alergia y se amolde un poquito a ella, ya que ella se ha tenido que amoldar a tantas y tantas cosas desde los seis meses. Pensamos que los niños se lo pasan igual de bien, o incluso mejor: pintando, disfrazándose, jugando, compartiendo…; antes que comiendo golosinas o pasteles, dejando de lado que sean o no alérgicos. El colegio es un lugar para aprender, en todos los sentidos, no solo a leer, escribir, sumar, restar… sino a convivir, y convivir significa aceptar, y aceptar significa no poner barreras o, por lo menos, ponerlas más bajitas para que una niña de cuatro años las pueda saltar.

Raquel Gómez Rojas