Vuelta al cole

¡Animo principiantes! Es lo primero que se me ocurre decir cuando veo que ya llega el principio de septiembre. Vuelta al cole con un montón de miedos e inseguridades a la hora de dejar a nuestros niños con alergia alimentaria en el cole. Entre bocadillos de queso, batidos, chuches, bizcochos y cumpleaños.

No hace mucho, en una reunión con un importante cargo de la Administración de Educación, sobre la necesidad de crear un Protocolo unificado de Escolarización para atender los problemas de estos niños en los colegios, me sorprendió su respuesta al llevar a la práctica la situación: “Como profesora de francés en secundaria, siempre he realizado un precioso taller sobre cocina francesa en clase. Después todos juntos degustábamos los platos. En un viaje al extranjero aprendí que en muchos sitios esto esta prohibido ante la marginación que puede suponer para algunos niños”.alergias cole3

El tema es clave. El miedo a una posible reacción de mayor o menor importancia suele dar lugar a la exclusión de estos niños en actividades de este tipo. Día de la tapa, de la Comunidad Autónoma, Chocolatada, Cumpleaños, Navidad, Jubilación de un profesor o regreso de otro por final de una baja por maternidad o enfermedad. Las situaciones son tan variopintas que se pueden hacer innumerables. Solemos acusar a los niños y jóvenes de exceso de todo, de incapacidad para asumir un “no” por respuesta. Y cuando hablamos de la capacidad de nuestros niños con Alergia Alimentaria, para asumir estas situaciones la respuesta es siempre la misma: “Son tan maduros…” ¿Es madurez adaptarse a las propias circunstancias o es sentido común?

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Y a pocas semanas del comienzo de las clases mi pregunta es: ¿de verdad es necesario? ¿Hace falta que el ámbito escolar este tan directamente relacionado con la existencia de comida a todas horas y por todos lados? 

La respuesta inmediata es fácil: estamos inmersos en una cultura judeo-cristiana en la que el sentarse a compartir la comida es tan natural… ¿Pero de verdad es tan necesario hacerlo? Nuestra cultura también es generosa, abierta al cambio y a la adaptación. El número de niños con alergias e intolerancias alimentarias crece cada día no solo en número sino en intensidad y peligrosidad de síntomas. Ahora que comienza el colegio y que miles de padres en este país piden por una escolarización segura, hagamos un esfuerzo de mentalización. Todos: padres, profesores, orientadores, administración. Ayudemos a que la llegada al colegio de esos nuevos padres con sus niños no sea con miedo y hermetismo. Sino con seguridad ante el nuevo reto. Y que nuestros adolescentes lleguen a sus institutos y colegios sin miedo a que los marginen por reconocer sus diferencias a la hora de sentarse a comer. Sin miedo a la marginación escolar por un taller de cocina italiana, francesa o inglesa. No es tan difícil. Solo hay que mirarlos directamente a los ojos y ponerse en su lugar.

Stella Vera

AEPNAA (Asociación Española de Alérgicos a Alimentos y al Látex)